¿Qué nos hace más felices?

Actualizado: 17 oct

"Cuando estás agradecido, el miedo desaparece y aparece la abundancia."


– Tony Robins


[Compartimos este artículo en nuestro Newsletter de fin de año. En este momento del año donde muchos planeamos y reflexionamos, te lo compartimos acá por si no lo has leído. Namaste]



Mejor salario, un mejor auto, las mejores decoraciones, el trabajo soñado, una gran pareja… Casi todos creemos que cuando tengamos estas cosas seremos, por fin, felices. O quizás más felices.

Resulta que las psicólogas Sonja Lyubomirsky y Laurie Santos rebaten esto. Lo comentan en en el libro La ciencia de la felicidad y en el curso con mayor asistencia en la historia de la Universidad de Yale, La ciencia del bienestar. A través de estudios y encuestas científicas ellas explican por qué estas cosas no nos hacen más felices.

Una de las razones es la Adaptación Hedónica. What? Te cuento...


La adaptación hedónica sugiere que “el nivel de felicidad de un individuo, después de subir o bajar en respuesta a eventos de vida positivos o negativos, en última instancia tiende a retroceder hacia donde estaba antes de estas experiencias.”

Es decir que los efectos positivos o negativos sobre la felicidad de una persona se desvanecen con el tiempo. Para decirlo más sencillo, nos acostumbramos. ¿Significa esto que nada puede hacernos más felices?


¿Somos presos absolutos de la adaptación hedónica? No necesariamente...

En parte, se cree que la adaptación hedónica ocurre por la repetición: ver el mismo paisaje todos los días o acostumbrarse al auto nuevo tras manejarlo a diario. Con el paso del tiempo ya no le prestamos la misma atención, obviamos los detalles que antes nos maravillaban y las emociones agradables de inicio, se desvanecen.

Entonces, en su momento estas cosas sí nos entusiasmaron, si nos alegraron. ¿Cómo hacer para que se mantenga o revivirlo? Pues hay que disminuir la adaptación hedónica.

Y he aquí tres tips para minimizar los efectos de la adaptación hedónica, recomendados por la experta, Laurie Santos:


1. Saborear más las cosas: Prestar atención plena a lo que estamos haciendo, a los detalles, sin distractores. Si me estoy comiendo un helado, por ejemplo, poner los cinco sentidos en la experiencia. Otra idea es que, tras vivir algo hermoso, compartirlo y comentarlo con personas que nos aprecien y se alegren por y con nosotros.


También se puede revivir el momento, ya sea mirando las fotos o concentrándose en visualizar imágenes en la mente.

2.Visualización negativa: Esto rompe la adaptación hedónica al pensar ponernos a reflexionar sobre qué habría ocurrido si tal cosa no hubiera sucedido en nuestra vida, si no lo tuviera. Por ejemplo: ¿Qué habría ocurrido si nunca hubiera conocido a mi pareja? ¿Cómo sería mi vida? ¿Qué habría ocurrido hace cinco años en mi vida si no hubiera conseguido este trabajo o comprado este auto?


3. Practicar la gratitud: Los beneficios de las prácticas de gratitud están avalados por la neurociencia. Es una poderosa herramienta para para motivar a nuestro cerebro y minimizar el miedo (cuando sentimos miedo, nos sentimos menos felices). Más allá de hacer una lista de gratitud, se trata de vivir la experiencia de la gratitud con actos concretos. Por ejemplo: escribir una carta de gratitud hacia una persona hizo algo por nosotros y entregársela. Sí, sí, una carta escrita a mano, no un mail.

Entonces, parece que experimentar la verdadera felicidad requiere de nuestra buena práctica y trabajo consciente. Sin embargo, más allá de lucir una linda sonrisa, estás prácticas en pro de cultivar la felicidad valen la pena porque ayudan a mejorar el autocuidado, la salud física y la salud mental.

¡Hasta pronto!

Sonia

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