Savasana: ¿una postura compleja?



Empecé a hacer yoga porque quería ser delgadita, como una bailarina de ballet. Ese cuento lo cuento habitualmente en las clases de yoga que dicto. Aclaro, porque ustedes no me están viendo, que yo mido 1.74 metros y soy de contextura gruesa, lo que dicen por allí "de huesos grandes". Pero, en mi juventud, yo quería ser finita pues. Y como esas son las imágenes ideales tenemos en nuestras cabezitas sobre los yoguis, pues yoga allá vamos.


Además de grande, soy fuerte más no flexible. Pensando en ser finita, y lograrlo a través de yoga, yo practicaba montones de saludos al sol que me hicieran sudar buco y contraer músculos e intentaba pararme de cabeza y hacer muchos cuervos; todas esas cosas que prometían ponerme flaca y strong. No iba a tomar clases de yoga pensando en savasana o relajación final...


Tuve la buena suerte de tener maestros amorosos y que el cuerpo sea sabio. No se necesitaron muchas dosis de savasana, que hacía porque era parte de la clase, para que yo comenzara a rendirme ante la postura y a nutrirme con sus beneficios. Sin embargo, sé que para todo el mundo no es así y he podido observarlo en clases. Por eso digo que es un asana complejo.


Por ejemplo, si un cuerpo se ha acostumbrado a estar tenso, quizá como forma de protección, o ha aprendido que bajar la guardia es algo peligroso, ese cuerpo va a encender todas sus luces rojas en savasana. Será una postura incómoda. En ese momento, además, estamos en completo silencio. Si la mente que habita ese cuerpo es muy inquieta o ansiosa, el silencio no será algo agradable.


Para añadir, consideremos que nuestras sociedades glorifican la hiperactividad (si hiperactividad, no solo actividad). Parar no es bien visto, se critica. Descansar se asocia con falta de impulso, con vagancia y estar en silencio es cosa extraña. Un punto adicional, en las complejidades de savasana, es que nuestros huesitos también podrían complicarnos el acceso a savasana. Hay personas que sienten incomodidad al acostarse boca arriba, ya en la espalda baja o a la altura del cuello.


Fíjate que la cosa no es solo tirarse en el mat a roncar. Es posible que estas cosas nos pasen. Pienso que Savasana puede ser nuestra escuelita para volver a la quietud y para reconectar con nosotros mismos. Savasana nos invita a vernos, a observar, a mirar qué pasa. Y con prestarnos ese instante de atención ya estamos entrando en ruta de cambio y autoconocimiento.


Para ayudarnos un poquito, savasana, como todas las posturas de yoga, se puede ajustar al cuerpo según se necesite. Algunas ideas: una cobija doblada en la espalda baja para sostener la curva lumbar, un rollito bajo el cuello para sostener las cervicales, cojín o bolster para cargar las rodillas o cubrirse el pecho con una manta o con las manos. Es más, podemos disfrutar de savasana acostados de lado.


Disfrutar de savasana a pierna suelta requiere práctica y más práctica; de querer explorar e ir de menos a más. Dicen los psicólogos James Prochaska y Carlo Diclemente que cuando queremos cambiar algo, todos los seres humanos pasamos por las mismas etapas y que estas van de menos a más e, inclusive, podemos en algunos momentos retroceder. Ellos le llaman "la rueda del cambio"


Darse cuenta que hay un problema y reflexionar sobre ello es lo que está en las primeras etapas para lograr el cambio según estos psicólogos. Observar las primeras incomodidades en savasana y no querer hacer la postura puede ser el inicio de un cambio maravilloso. Hasta puede suceder que savasana se vuelta una de tus posturas favoritas y más largas de tu práctica, como me pasa a mí ahora.


Hasta la próxima…

Sis


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